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Encontrarnos inmersos en un mundo marcado por la globalización es la realidad, a la cual ningun ser humano puede escapar actualmente, todos los aspectos de la vida en el planeta se ven afectados directa e indirectamente por este fenómeno envolvente y estandarizador. En un mundo donde la única constante que predomina es el cambio. Si como pueblos y culturas queremos pervivir debemos aprender a evolucionar a la par e incluso desarrollar habilidades de adaptación para asi de esta manera ser, competentes y mantenernos a flote y no naufragar en el inmenso mar de los mercados libres que a cada momento intenta aniquilarnos y absorbernos en un sueño profundo del que quizá jamás nos deje regresar.

Partiendo de esta premisa podemos afirmar que muchos de los aspectos que por generaciones hemos considerado como propios, si no actuamos con celeridad, pronto será cosa del pasado y serán reemplazados por otros, impuestos por un sistema dominante; las brechas entre los ricos y los pobres serán más grandes, los valores de respeto y la sana convivencia con la naturaleza serán reemplazados por prácticas que le rinden culto al capitalismo sin importar quizá los daños colaterales que ello implique.

Uno de los principales fines corporativos como fundación es contribuir al desarrollo integral del ser humano en todos los aspectos, contribuyéndoles desde su óptica institucional a lograr despertar ese espíritu que le permite al hombre, ser competitivo, aprendiendo, retroalimentándose y tomando lo positivo como lo negativo de los procesos de globalización y aterrizándolos para que estén al alcance de las poblaciones vulnerables y lo conviertan en herramientas a su favor que los coayude a evolucionar y marcar la diferencia impactando positivamente su calidad de vida.

Es el momento de pasar de una fase contemplativa a una fase activa y como fundación rodearse del talento  humano más idóneo, con altos valores éticos y corporativos.